Las consecuencias

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Dices que tienes derecho a una segunda oportunidad, aunque lo que realmente quieres decir es que quieres eliminar las consecuencias, y siento decirte que madurar no es otra cosa que vivir instalado en las consecuencias de modo permanente. Hasta ahora has vivido queriendo utilizar el pensamiento para reinterpretarlo todo a tu conveniencia. Pero ya te habrás dado cuenta de que no se puede. Mondo cane.

No tienes derecho a nada más que a apechugar. No hay segundas oportunidades ni la vida es la marea que borra lo que una vez fue escrito en la arena. Profundiza, asume, brilla si es necesario, pero no pretendas que la línea sea disruptiva. No hay ciclos, esto es una línea recta que sólo podrás ver entera cuando te distancies de ella. Recuerda que la mejor visión del puzzle se tiene desde arriba y cuando estés ahí me darás la razón. Las líneas rectas no tienen ciclos, son una sucesión infinita de puntos, y recuerda que el punto es aquello que no tiene dimensiones. Ahí quiero llegar: la vida es una sucesión infinita de elementos sin dimensiones. En definitiva, una sucesión de nada. Quizá de consecuencias.

“Ahora me doy cuenta de que no estaba enamorado”. Quizá quieres decir es que tu “yo” de hoy interpreta el amor de una diferente a como lo interpretaba entonces y que no te reconoces en esa manera de amar o que ya no amarías lo que antes amabas. “Vale. Estaba enamorado y salió mal”. No, no salió mal. Salió bien, pero terminó. Y resulta pueril que eternices ese último punto cuando lo infinito es la recta -las consecuencias- y no sus puntos considerados de modo aislado. Me da la sensación de que vives como un inversor de renta fija, esperando pocos réditos pero seguros y que estos lleguen al final del periodo (por lo tanto del segmento, no de la recta). Y claro, visto así, sólo te importa el punto final porque todo lo anterior habría sido un esfuerzo más o menos molesto para llegar hasta allí. Es decir, sólo identificas las consecuencias como tal si son buenas. Cuánto daño ha hecho la comedia romántica.

Es urgente que aprendas a perder, porque así vivirás de modo serio. Tienes que vivir sabiendo que tu situación actual es el resultado de tus decisiones de hace cinco años. Tu situación son las consecuencias. Mira la parte buena: dónde estés en cinco años depende en gran parte de las decisiones que tomes hoy. Y del azar, de la suerte, de trescientas variables que no controlas y que es inútil intentar controlar. Por lo tanto, lo único que puedes hacer es merecer que te vaya bien, por eso necesitas ser serio, estoico y fuerte, es decir, todo  lo contrario a Hugh Grant. Que te vaya bien en la vida, -ya tienes una edad- es solamente poder ser tú mismo la mayor cantidad de tiempo, dando la menor cantidad de explicaciones a la menor cantidad de personas.

Ayer me dijo un amigo que la conciencia nos limita, y tiene razón, pero conciencia y felicidad son corolarios: no se puede ser feliz con mala conciencia. La conciencia afecta al pasado -la conciencia son las consecuencias- y la actitud al futuro. La conciencia es la interpretación que das a lo que has hecho y la actitud es la interpretación de aquello que está por ser hecho. Así que conciencia y actitud. Pero no de manual de autoayuda, esto es más Cohen que Paulo Coelho y más Edimburgo en noviembre que Punta Cana en junio: consecuencias, líneas rectas, responsabilidad, cabeza alta, mirada larga, palabras escasas, presencias cortas.

No reescribas tu propia historia. Asúmela, es tuya. Conoces las causas, porque las causas -dices clavando en mi pupila tu pupila azul-, eres tú. Pero hay algo más tuyo aún: las consecuencias. Las consecuencias no son los otros. Las consecuencias de hoy son las causas de lo que queda de recta hacia el infinito. Así que compórtate, que lo que llamas errores sólo son consecuencias; tus errores y sus consecuencias, los ecos del espejo, la cara y la cruz del mismo vacío, un puente circular sobre un río seco. Todo excepto exigir una segunda oportunidad, una segunda recta paralela a la anterior a partir de un punto elegido por ti. No tengo que recordarte que dos rectas paralelas se unen también, pero en el infinito, en ese infinito al que renuncias, así que, puestos a llegar al mismo punto inexorable y sin salida, mejor abraza la dignidad infinita de la nada que el delirio de la vida sin infinito. De la vida sin consecuencias.

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