Algunos hombres dignos

dignos

La dignidad es ser tu mismo aunque no te entiendan, Chema. De hecho, la dignidad es levantarse de la mesa cuando notes que el juego va de impresionar a alguien. Que se guarden el aplauso debajo de la boina y la crítica al ladito del hachís, que no te debe importar ni una cosa ni otra. A saber qué harían ellos en tu lugar…

Dignidad es saber las causas y respetar las consecuencias. La dignidad es decir NO y no dar demasiadas explicaciones. La dignidad, Chema, es seguir a pesar de todo, pese a la inmensa soledad del que carga con su cruz y carga con ella en silencio.

La dignidad es algo exigible a un hombre. Eso y no llevar pantalón corto aunque estés deshidratado en el mismo núcleo de la tierra, que por cierto tiene entrada por la estación de Diego de León. Yo he visto allí magma brotando del suelo, amigo. Not a joke.

La dignidad es decir SÍ a lo que quieras decir sí, sin más detalles. Mejor cuanto más alejado del dogma de la corte de fracasados; mejor cuanto más cerca de lo que esos mismos critican, como por ejemplo Dios, la paternidad, el parlamento, los solos de guitarra, los chuletones crudos, el otoño, el paisaje de Castilla o las mujeres de verdad, es decir, mujeres con cojones, mujeres serias, duras, mujeres que mandarían a la mierda a esta panda de hombres horteras, intrascendentes, blanditos, superficiales, hombres niños, hombres débiles, hombres que juegan a ser hombres, hombres que gritan, hombres que no cumplen con su obligación, hombres tramposos, hombres sucios, hombres dependientes de los demás, hombres que no saben estar solos, hombres de mierda, en definitiva.

La gran decadencia es ese tipo hombre obsesionado por el sexo, que me recuerdan a chimpancés oligofrénicos tratando de impresionar a otros chimpancés oligofrénicos mientras se desparasitan. Síntoma de vulgaridad extrema. Carcajadas de neardenthal. Hombres que no leen. Hombres que no saben que ir de canallita estaba bien entonces, pero que hacerlo con cuarenta empieza a ser ridículo. Canallitas de guardería. Hombres que no cumplen. Hombres irresponsables. Ese tipo de hombres a los que, como decía, las mujeres solían mandar a la mierda. Tampoco quedan ya muchas mujeres de esas, la verdad. Some girls just wanna have fun.

Cuando los de nuestra generación éramos pequeños, queríamos ser hombres, pero hombres a la manera de ser hombres de nuestros padres, abuelos y tíos, no a la manera de estos adolescentes eternos, de estos parásitos juguetones, que estaban muy mal vistos, por cierto.

Queríamos serlo a la manera de nuestros referentes: hombres correctos, educados, serviciales. Hombres que callaban mucho y lloraban poco, al menos en público. Hombres protectores, hombres fiables, honestos, serios. Hombres hechos, hombres comprometidos con los suyos, hombres defensores, protectores, hombres respetuosos, hombres que aunque tuvieran pocas certezas y algunas dudas, actuaban siempre con el sentido de la responsabilidad . Hombres poco aventureros. Hombres que no fallan. Hombres buenos. Hombres que trataban bien a las mujeres, no como idiotas, no como niñatas, no como dueñas, no como esclavas.

La dignidad es no dar pena, Chema. La dignidad es no hacer el ridículo. En definitiva, la dignidad no es que se acuerde de ti el sábado a las cuatro de la mañana. La dignidad es que se acuerde de ti en la resaca de los domingos, cuando quiere cambiar de vida. La dignidad es un teléfono que empieza por AA.

Anuncios