Los gigantes

madrigueras

Ser gigante no es fácil. Los enanos no entienden lo difícil que es ser tan grande y por ello opinan de los gigantes que son extraños y diferentes. Nunca se han planteado que a lo mejor los diferentes son ellos y no viceversa. Fue antes la gallina, que es Dios. Luego se hizo huevo y habitó entre nosotros.

Los enanos creen que lo normal es ser enano por el mero hecho de ser más y pensar menos, pero no es así. La normalidad no es un concepto estadístico. Aunque todo el mundo matara a su madre, no sería normal, como tampoco es normal matar a tus hijos, sean enanos o gigantes, por mucho que un momento de la historia se dé con cierta frecuencia. Además, en determinadas zonas, los gigantes son mayoría y aún así los enanos los quieren someter. Los enanos son así. Cuando quieren cambiar, ya es tarde, porque se vuelven gigantes.

En efecto, tanto enanos como gigantes son humanos. Sin embargo, los enanos creen tener más derechos que los gigantes por haber nacido más bajitos. En defensa de los gigantes, he de decir que nunca he oído a ninguno autoproclamarse sujeto de más derechos por el abrumador motivo de ser más grande. En su contra he de decir que suelen avergonzarse de ser tan grandes y se camuflan. Pero se nota; un enano puede intentar pasar por gigante. Se ponen de puntillas y cierran la boca al comer. Al revés no funciona, nadie se olvida de andar en bici por mucho empeño que ponga. Estirar el meñique viene de cuna.

Ser enano tampoco es fácil. Lilliput y Blefuscu no tienen himno ni selección nacional. Los gigantes los ven a todos iguales, como a los chinos, pero entre ellos hay diferentes razas, castas, etnias y sobre todo hay diferentes alturas, pese a que entre ellos tiendan a hacer tábula rasa. Además, los enanos de hoy llaman gigante a cualquier cosa. Gigantes de verdad hay pocos. Antonio, que era uno de ellos, nos enseñó que cuando luchan convierten el aire en gas natural. Las luchas de enanos, sin embargo, convierten la tierra en barro y los sueños en brea. Yo las he visto y son cainitas, un álbum de miserias veniales y de interminables puntos suspensivos.

Para educar bien, primero tienes que tener claras unas cuantas cosas. Tienes que saber lo que está bien para, sobre esa base, poder explicar lo que está mal y por qué. A cada superyó le llega su San Martín. Tienes primero que saber quién eres para poder transmitir lo que no eres y por qué no lo eres. Si eres gigante, no eres enano y lo sabes. El precio a pagar es la incomprensión. Si eres enano, no eres gigante, pero no llegas a saberlo nunca, en ese mundo todos los espejos son convexos. El precio a pagar en ese caso es hacer el ridículo. Y gritar mucho en los bares.

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