El mito de la ciencia

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«El infinito, querido amigo, no es gran cosa. Es un asunto de escritura. El universo no existe más que en el papel. Ninguna idea lo muestra. Ningún sentido lo muestra. Es algo que se dice, y nada más». (…) «¡La ciencia! Lo que hay son científicos, querido amigo, científicos y momentos de un científico. Son hombres…tanteos, malas noches, boca amarga, una excelente tarde de lucidez». 

Son frases de Monsieur Teste, de Paul Valéry y vienen muy a cuento. La ciencia -cuánta razón tiene- sólo son hombres que se equivocan y que aciertan. La ciencia es apenas lo que podemos saber con nuestro limitado cerebro. Si tenemos en cuenta que el tiempo no existe, ni tampoco el infinito, que son sólo construcciones de nuestro cerebro para poder vivir en estas condiciones; si tenemos en cuenta que hay más dimensiones, pero no las vemos; si tenemos en cuenta que sólo podemos oír sonidos entre una frecuencia y otra, que sólo podemos ver ciertas densidades y ciertas longitudes de onda; si tenemos en cuenta que la realidad es mucho mayor de lo que podemos percibir, y que -por lo tanto- el acceso pleno a la realidad o la verdad son inaccesibles para nosotros, entonces todo lo que pueda salir de la ciencia -es decir de nuestro cerebro- es bastante relativo o al menos tan relativo como lo es Dios, que también sale de nuestro cerebro. Un animal vive en la misma realidad que nosotros y jamás podría descifrar tanto como nosotros hemos logrado descifrar, aunque descifren cosas que nosotros no podemos (fenómenos atmosféricos, catástrofes naturales, sonidos inaudibles, visiones invisibles…), y a nadie se le ocurriría negar la evidente realidad que conocemos y que es, aunque el animal no la entienda. La tierra gira alrededor del sol diga el animal lo que diga y entienda lo que entienda. Del mismo modo, la verdad es la que es, entienda nuestro humano cerebro lo que quiera entender. Somos una parte despreciable de una ecuación imposible. Es lo que es.

Por eso, jamas podremos, por ejemplo, saber “científicamente” si hay vida después de la muerte, porque los científicos, en su limitación, esperan una vida como la conocemos, es decir, ciclo de carbono, y no valoran otras formas energéticas u otras opciones de existencia. Es más, aunque Dios mismo -en caso de existir- bajara en cuerpo y alma a la casa del Nobel de la Ciencia a mostrarle todo tal y como es, él debería negar la verdad al no poder ser explicada con su limitado cerebro. Hay una fe casi religiosa en la ciencia y en sus resultados, aún sabiendo que no hay ninguna teoría científica que esté libre de ciertas dificultades desde la aparición de la teoría de la relatividad. Y, siguiendo con la lógica argumental, ya entonces era lo que era. Antes de Einstein, la teoría de la relatividad ya estaba en vigor, aunque no la conociéramos o no la pudiéramos enunciar, a pesar de que la ciencia entonces jurara lo contrario. Ahora, igual. La ciencia no es estable, la ciencia se corrige, no hay nada universalmente cierto, excepto para sus creyentes. Por eso, creo que habríamos de tratar a esa fe en la ciencia como a cualquier otra fe: respetando pero sin conceder supremacía a sus feligreses. Feligreses, por cierto, que ni si quiera llegan a ponerse de acuerdo entre ellos en cuestiones fundamentales acerca de su fe. Así, es bastante normal ver a científicos discutiendo acerca de todo concepto sin llegar a estar de acuerdo en ninguno. Son opiniones. Solo están de acuerdo en una cosa: su doctrina -sea esta cual sea- es la verdadera, todo lo demás es locura y superstición. Me recuerdan a la Inquisición.

Se da por hecho que la ciencia es superior. Ante un debate cualquiera, puedes decir “está comprobado científicamente” y es como decir “esto es verdad, no sigas debatiendo”. Da la impresión de que solo existe lo que la ciencia puede probar. Hay gente que podría negar la existencia de su propia madre si la ciencia no pudiera demostrarlo. Las cosas están antes, la ciencia solo trata de explicar el porqué. La ciencia no da una especie de diploma que acredite la verdad. La ciencia avanza, y a medida que avanza, sabemos el porqué de más cosas, pero las cosas ya estaban antes. Los antibióticos estaban desde el principio de los tiempos, simplemente no habíamos dado con ellos. Pero estaban. Y si alguien le dice a un griego del siglo V acerca de su existencia, este habría dicho que no está comprobado científicamente. La ciencia decía que la tierra es el centro del universo y que el sol gira alrededor de ella. Luego la propia ciencia demostró que no. Pero entonces era científico, igual de científico que será dentro de x años los hechos que demuestren que lo que ahora la ciencia dice es mentira, o cuando se descubra que no sé qué planta de no sé qué océano, a través de no sé qué proceso, cura el cáncer.

La ciencia, y esto es importante, es una ideología que ha puesto durante mucho tiempo límite a la supremacía de otras ideologías. No es la verdad en sí misma. Todas las ideologías tienen en su interior la semilla para convertirse en dogmas y así, ahora el hombre parece esclavo de la tiranía de la ciencia como en otros tiempos lo fue de la tiranía de otras cosas. No todo el conocimiento es científico, le pese a quien le pese.

La ciencia, en demasiadas ocasiones, no quiere conocer la verdad, solo quiere estar tranquila negando lo que no puede explicar, lo cual es bastante limitadito. Se quiere equiparar lo racional con lo científico, como si la fe no fuera racional, como si el amor no fuera cerebral y hubiera salido, qué se yo, del páncreas. Es más, se tiende a identificar lo racional/científico con lo óptimo, como si tomáramos las decisiones como un cangrejo, buscando solamente sobrevivir y ahorrar energía. Eso implicaría anular la voluntad en pos del instinto, que toma decisiones por nosotros, haciendo de nuestra vida un cálculo de probabilidades sin más. Dan por hecho que su ideología contiene toda la información necesaria para alcanzar los fines que el hombre debe perseguir, lo cual es, no solo falso, sino además, pobre.

Debemos mucho a la ciencia, pero creer que la ciencia o las ciencias son la verdad en si misma y que fuera de ellas no hay nada, es un error. La ciencia no es la respuesta, no es superior y no es más que los resultados parciales de hombres con cerebros de hombres, con fobias, filias, problemas, fracaso y éxitos. No se crean todo lo que les cuentan. Esta es la época de mandar a la mierda a los intelectuales, a los científicos y a todos los que estén en el púlpito impartiendo doctrinas -curas incluidos- y volver a pensar por nosotros mismos. Más allá de la impostura casera y primitiva que demuestra no comprender ni remotamente el objeto final de la ciencia, que no es otro que el objeto final de la vida.

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