El mito del pasado

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Quizá debería haberlo llamado, el “mito de un pasado mejor”, porque es a eso a lo que me refiero exactamente. Existe una opinión extendida de que el pasado fue un lugar y un tiempo mejor, que la actualidad está podrida, que “vamos a peor”, que “la gente está fatal” y que “¿a dónde vamos a parar?”. Que “ya no hay valores”, que “la sociedad está enferma” y que tal. Nada más lejos de la realidad. Se trata de otro mito. Pese a que el presente tenga diversos problemas y en algunos aspectos específicos podemos estar empeorando, si miramos nuestro tiempo de forma global es indudable que vamos a mejor. Una cosa es la realidad aséptica de los hechos y otra cosa muy diferente la percepción que de ellos tenemos. La percepción está influida por la información y la opinión, pero el dato sobrio es indudable. Por ejemplo, desgraciadamente, el maltrato a la mujer era algo muy habitual en otros tiempos. Hoy, aún habiendo casos (demasiados casos; uno ya es demasiado) hay muchos menos que antes. Ahora lo sabemos, antes no se sabía. Antes había diez y sabías uno. Ahora hay cuatro y sabes tres, lo que te hace pensar que hay más que antes. No, no hay más, simplemente te enteras de más.

Cada vez se tortura menos, cada vez hay mas garantías democráticas, cada vez hay menos presos por motivos políticos y religiosos, los gays se pueden casar, cada vez se discrimina menos en función de tu preferencia sexual, cada vez hay menos racismo, cada vez hay más libertad, el avance de la mujer es innegable, cada vez hay menos países comunistas, la alimentación de la sociedad en su conjunto ha mejorado de modo increíble y, por consiguiente hay menos enfermedades y más esperanza de vida. Tenemos mejor cuidado para los ancianos, no hay mortalidad infantil (antes era muy normal perder a varios hijos), prácticamente no hay malnutrición infantil (es más, el problema es la obesidad infantil), casi ninguna mujer muere en el parto, los corruptos son juzgados -aunque el pensamiento único de ciertos medios intente hacer creer lo contrario-, ya seas presidente de una comunidad, juez prevaricador o hermana del rey (algo impensable hace unos años), vivimos en una paz duradera, no vamos a la mili, cada vez hay más sensibilización hacia el buen trato a los animales y su dignidad, tenemos Internet y por consiguiente acceso gratuito a todo el arte y la cultura universal sin segregación por motivos económicos, no se fuma en los bares, hay una explosión de arte y de cultura jamás conocida por el hombre (hay más artistas en mi ciudad que en la Florencia del Renacimiento),  hay grandes avances en la ciencia, en las tecnologías y en la comunicación aplicados a todos los campos, nuevos materiales, un gran control del cambio climático y un auge prácticamente global de actitudes de conservación del medio ambiente, la economía de mercado ha permitido un bienestar jamás conseguido anteriormente, podemos divorciarnos y no vivir con alguien a quien no soportas eternamente (eso debe de ser el infierno), puedes ver museos y exposiciones de modo gratuito al doblar la esquina, no hay explotación infantil apenas (y se lucha para que no exista en absoluto)…

Vamos a mejor como sociedad, indudablemente, pese a que sea más fácil decir lo contrario y pese a que hay problemas muy graves, entre los cuales destaco el auge del Estado Islámico. Pero hay que ver a la sociedad como a un conjunto, no como a una suma de individuos, ya que todos tenemos problemas a modo particular. La sociedad va mejor, aunque a algunos miembros les pueda ir peor en algunos aspectos concretos. Cualquiera de nosotros –cualquiera- vive mejor que Fernando el Católico, un personaje que –pese a ser Rey- vivía en el pánico de una guerra constante, con enfermedades incontroladas, sin vacunas, con unos médicos que estaban más cerca de un mago que de un hombre de ciencia, con una alimentación muy precaria, sin higiene, sin calefacción ni agua corriente, ni electricidad, que perdió tres hijos y a su esposa por enfermedades que hoy serían curadas sin problema, que vivió instalado en el miedo y en el horror y su mayor diversión eran unos bailes y unas jarras de vino. Y eso era un rey, imagínate el resto. Entiendo que sientas nostalgia y tengas idealizado tu pasado, pero…¿sigues creyendo que vamos a peor?

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