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En mi boda sonó la banda sonora de ‘La Misión’ y lo hizo por muchos motivos, la mayor parte de los cuales ya no importan. La otra parte en realidad nunca importaron y el resto ya se me han olvidado. Sin embargo, sé que tuvo sentido escuchar esa banda sonora enfrente de la Virgen y delante de toda la gente que me importaba y que, por supuesto, sigue haciéndolo. El tema central de esa banda sonora, ‘El Oboe de Gabriel’, es el modo que Dios ha encontrado para hablarnos, para hacerse presente. Esa pieza es su idioma, son los planos de su reino. Esa música es Él. Y las Cataratas de Iguazú, un avance del Paraíso. Los misioneros jesuitas, mis ídolos y los ídolos que todos aquellos que se respeten un poco. Y algunos de sus hermanos, en el altar, delante de mis ojos, casándome en el mismo lugar en el que muchos años antes tomé la comunión junto a mis compañeros. (Clic aquí para leer el artículo completo)

Esta columna se publicó originalmente en El Norte de Castilla el 8 de julio de 2020