Meditación desapasionada (III)

solo

Ya no creo en la pareja como algo eterno, es decir, ya no creo en la pareja, porque si el compromiso no es eterno, no me importa una mierda. Llamamos pareja a cualquier cosa que viva con nosotros unos años y llamamos amor, por economía de pensamiento, a lo que hay entre ambos, en el medio de la cama. No creo en la pareja porque vivir la vida de dos en dos a estas alturas me parece algo tremendamente extraño e incómodo. Entiendo la vida en manada y la entiendo en solitario. De hecho creo que manada y solitud son perfectamente compatibles. Solo, pero con amigos, solo pero con familia, solo pero con compañeros. Independiente pero dentro de la OTAN. Es decir, solo…pero no. Siempre solitud, nunca soledad. Solitud es lo que necesita el escritor para escribir. Es buscada, es ausencia pura de compañía. Soledad es estar solo afectivamente. Solitud es estar solo físicamente. Solitud es estar con nadie. Soledad es estar sin ti.

Tienes que aprender que estás solo, terriblemente solo. Pero no estás solo. Estás solo porque tienes que recorrer este camino por ti mismo. Por mucho que te lleven en volandas, llega un momento en el que tienes que dar la cara tú y nadie la va a dar por ti. Por muy co-starring que seas, de vez en cuando eres Hamlet en el escenario y ahí no hay secundarios. Eres Curro en Las Ventas, y los de plata están todos escondidos detrás del burladero. Ciertamente tienes compañeros en algunas etapas del viaje, pero nadie comparte contigo a la vez origen y destino. Naciste solo y solo te irás. Tienes a gente a tu lado y tú estás al lado de mucha gente, y eso es maravilloso, pero esa gente va cambiando, incluso vamos diciendo adiós a familiares y dando la bienvenida a otros. Lo mismo pasa con los amigos, los compañeros y por supuesto también con las relaciones afectivas. Te dicen adiós y tú también dices adiós. Dirás hola y hola te dirán. Tienes tu camino, tienes que aprender lo que tienes que aprender y tienes que vivir lo que tienes que vivir. Solito. Con un par.

No sólo creo en el amor a primera vista, es que además creo que es el único que existe. El resto es otra cosa diferente, pero el amor a primera vista es una llamada de tu guía interior enseñándote cuál es tu lugar en el mundo, como diciéndote: “Esa es tu casa”. Es reconocer antes de conocer, es recordar algo que aún no ha sucedido, como un deja-vù inverso. Es una llamada del destino a tu lóbulo occipital: “Nene, ya hemos llegado”. Un Stendhal nivel catedral de Florencia.

Alguien me dijo que la vida de un militar es un tedio infinito sólo alterado por breves momentos de terror absoluto. La vida de un hombre que se digne en llamarse hombre, un hombre que no se mienta, un hombre que no quiera fingir, es una vida de solitud eterna interrumpida por increíbles y constantes aventuras diarias. Solitud de base, en un universo de cosas que pasan. Esas cosas son anecdóticas aunque duren cuarenta años. Y la solitud está presente aunque no pases solo ni un segundo al día. Si no estás de acuerdo, no pasa nada. Puede que algún día te acuerdes de mi y te des cuenta de que estabas aun más solo de lo que pensaba. Te estaré esperando. Terriblemente solos, inmensamente libres.

Meditación desapasionada (I)

Meditación desapasionada (II)

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