Potemos

Yo estoy con el sistema. Me encanta el sistema. Soy un profundo enamorado de este sistema que hemos tardado en construir miles de años y también soy un defensor del bipartidismo. Todos los países civilizados tienen un gran partido de centro izquierda y otro de centro derecha, que difieren en muy poquito porque ambos creen en la economía social y de mercado, en una separación de poderes que se lleva a cabo con mayor o menor éxito, en un régimen constitucional, en una monarquía o república parlamentaria, en la integración en la UE, en formar parte de la OTAN como aliados de nuestros socios comerciales, etc. Difieren en poco porque están de acuerdo en lo fundamental, y eso es bueno. A partir de ahí, unos hacen oposición a otros y les vigilan, les critican y eso es sano. Y de esto viene la sana alternancia que evita otra dictadura como el PRI mexicano o el peronismo argentino. Lo que no tienen otros países civilizados es un nacionalismo medieval y retrógado como en España que pone y quita gobiernos. Pero comunismo hay y ha habido siempre y no pasa nada porque nunca gobiernan. Con estos bueyes tenemos que arar. Y puestos a arar, aremos con la menor bronca posible.

En diferentes momentos de mi vida he votado al PSOE y al PP. Entiendo a Arriola cuando dice que dormiría tranquilo con Rubalcaba en el gobierno. Yo también. No me gusta, es más, le aborrezco, pero se que el partido socialista es mucho más que Rubalcaba y hay millones de votantes y cientos de miles de militantes honrados y sensatos con los que difiero muchas veces, sobre todo desde el Pink Zapaterism, pero que no pondrán en riesgo este sistema moderno, evolucionado y occidental (y por lo tanto superior al resto de sistemas). Que sí, que el GAL y la corrupción y que Bárcenas y que Gurtel. Pero el PP y el PSOE nos han traído democracia, progreso económico, prosperidad, paz y unión. Y sanidad y educación y pensiones e infraestructuras y becas y más derechos y libertades que jamás en nuestra historia. Que esto sí es una democracia lo prueba el hecho de que Podemos pueda decir que no lo es y no acaben en la cárcel o reducidos a porrazos como pasa en Venezuela o en Cuba.

Frente a los cafres de la izquierda, los cafres de la derecha. Y rodeandolo todo la extrema cafrería juntita. En el núcleo, unos veinte millones de españoles sensatos, moderados y bastante centrados, que se ladean a un lado o al otro. Haría mal el PSOE en mirar a la izquierda buscando votos porque no rascará ni uno. Los votos del PSOE han estado y siempre lo estarán esperándoles en el centro. No ha habido un presidente de gobierno más de derechas que Felipe, pero aún no os habéis dado cuenta porque no iba a misa, ni a los toros. Puros sí fumaba, pero tampoco lo habéis visto. A mi me da igual que sea Madina, Chacón, López, Díaz o en un arrebato de cordura Solana o Leguina porque no los voy a votar. Pero en un momento en el que España se está jugando todo, ojalá un gran pacto PP-PSOE en la próxima legislatura, que es lo que los españoles han votado y votarán. (Siete de cada diez votan a uno u a otro en las generales). Y si hay que hacer reformas grandes, yo prefiero que las pacten y consensúen los representantes votados por la abrumadora mayoría a que las hagan sólamente unos cuantos radicales. Pero viendo las tertulias, no comprendo como Podemos no tiene 30 diputados. Su programa no lo valoro porque es inviable. No cabe en la constitución, es decir, no cabe en la democracia. No podrían llevar a cabo ninguno de sus planteamientos por el mero hecho de que es imposible. Y lo saben. Lo saben también sus votantes, que no votan porque quieran que ese programa se lleve a la práctica sino para cargarse el sistema y demostrar que están hasta los cojones. A mi, Pablo Iglesias no me da miedo. Ni sus votantes me dan asco. Ser liberal es, entre otras cosas, entender y respetar que no todo el mundo lo es y no pretender imponer tu criterio. No soy dogmático. Respétenlos aunque no estemos de acuerdo con ellos y verán como –gracias a Dios- se esfuman poco a poco. España es cuerda.

Ser liberal, decía, es ser liberal, no ser un libertario anarquista. Yo creo en un estado mínimo pero en un estado fuerte donde prime el imperio de la ley, que administre justicia con celeridad, que me defienda de los malos, que recoja las basuras y que garantice sanidad y educación a todos, que me garantice el suministro de energía, que haga carreteras y que sostenga unas pensiones y –en un arrebato socialdemócrata- también cierto seguro de desempleo. Punto y final, porque también quiero pagar menos impuestos y a cambio tener menos servicios, porque mi dinero es mío, porque me lo gano y porque colaborar está bien pero ser atracado sistemáticamente, no. Por mi parte el resto del estado lo podéis envolver y tirar a la basura. Garantizar sanidad y educación es compatible con que estas no sean públicas, como por ejemplo en Suecia, paraiso socialdemócrata donde el estado te paga la sanidad y la educación en centros privados. Te los paga, pero tú eliges en qué hospital privado te operas o a qué colegio llevas a tus hijos. Eliminanos así funcionarios, adoctrinamiento, construcciones de hospitales y de colegios, fomentamos la competencia, condenamos a galeras a mediocres y enriquecemos a brillantes. Yo estoy en contra del libre mercado total. Yo estoy en contra del déficit cero. No creo que las políticas expansivas de Obama le conviertan en un extremista peligroso. Yo no creo que los parados sean unas sanguijuelas vagas. En fin, sin liarme con esto, que soy liberal pero no neoliberal radical. Lo fui, pero ya no. Todos hemos sido adolescentes mentales y hemos sido utópicos: los libertarios y los de Podemos. Algunos, luego, hemos madurado y estamos a otras cosas de gente seria. Sin utopías.

Por eso me da igual Podemos. Porque su objetivo no es gobernar, sino gritar. Es reactivo. Lo que les sale de dentro es gritar que están hartos. Es como un puñetazo a la pared. No van en serio. Su discurso es pobre, populista, vacío, torpe, sin elaboración intelectual de ningún tipo, maniqueo, un lirismo de supermercado muy del tipo de Rahola. Y cala en ciertos sectores de España, del mismo modo que en otros sectores no más evolucionados que los anteriores suspiran por ver los tanques por la Diagonal. Gracias a Dios, no pasará. Porque Mas tampoco va en serio. Y porque Rajoy lo sabe. Y porque aunque fuera en serio, no metería los tanques. Ni Rajoy ni Rubalcaba. Puede que sí Pablo Iglesias.

Iglesias siempre dice que su objetivo es echar a los grandes partidos, “a los de la casta” que es como los llaman. Nunca ha dicho que quiera gobernar o que vaya a hacerlo. Al menos yo no lo he oído. Su objetivo es echar a los grandes partidos, es decir, echar a los representantes democráticamente elegidos de la inmensa y abrumadora mayoría de los españoles. Cagarse en la democracia. Cagarse en mi y en ti para reventarlo todo y pirarse. Vomitar encima de lo que los españoles hemos decidido en las urnas y emigrar a Venezuela, supongo. Pues nada, que se diviertan un rato, que se peleen entre ellos, que se maten por el pesebre, que dejen que se los coma IU a cambio de cuatro cargos, que haya tres escisiones (Podemos auténtico / Podemos refundado / Podemos BDSM) y luego, cuando crezcan, que voten al PSOE o al PP. Mientras tanto, eso: Potemos.

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