Gracias (II)

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¡Muchas felicidades, hija! Aunque parece que fue ayer cuando viniste, son ya cuatro años, qué rápido pasa todo. Recuerdo perfectamente aquel día, cuando convertiste el centro de Valladolid en el centro del universo y no solo por el Big Bang que se formó cuando te vimos, exactamente a las 17:38 de aquel sábado. No ha habido una niña más deseada, más esperada y más querida que tú, créeme. Tembló el mundo cuando te vimos. Aunque no lo recuerdes, una vez fuimos tres.

El año pasado te di las gracias, y me reitero en cada palabra dicha. Estoy cada día más orgulloso de ti, cada día te quiero más (porque cada día te conozco más) y cada día pones todo más fácil. No sé cómo será tu adolescencia, pero tu infancia está siendo un auténtico regalo, y yo me siento afortunado por cada minuto que ha pasado. Desde luego, has convertido estos años en los mejores años de mi vida, sin ningún tipo de duda ni de matiz a esas palabras. Es algo categórico: 2010-2014: The Happy Years. De hecho, no recuerdo con nostalgia nada de lo que pasó antes de que llegaras, porque -visto desde la perspectiva que da el tiempo-, todo era más mediocre que ahora. Luego llegaste y llevaste todo al siguiente nivel, al del AMOR, al de la vida, al punto de partida sin el cual no tendriamos línea de meta. Eso debe de ser la nada.

Cada persona es diferente, pero en mi caso he de decir que el verdadero significado de la palabra hombre solo lo he alcanzado siendo tu padre, el resto sería un alargamiento peterpanistico de la infancia, una especie de botellón eterno, la afectación ridícula del “amor-de-tu-vida-por-año” que sentimos en la adolescencia, un cargo provisional, un día de puente. Ser tu padre es lo único que es eterno de verdad. No depende de tu voluntad ni de la mía ponerlo fin, no está sujeto a aspectos subjetivos, es para siempre, y eso me encanta. Siempre seré tu padre, seas quien seas y te conviertas en quien te conviertas.

Te he escrito más veces que soy tu primera y tu última línea de defensa. En el espacio entre ambas, ponemos al mundo. Acude a tu padre primero, que la mayor parte de las veces funcionará. Y en los casos en los que no funcione, acude a mí de nuevo si no encontraras otra defensa, que lo reconsideramos, lo arreglamos y sacamos el arsenal que tengo guardado para cuando se pongan las cosas chungas. Valar Morghulis/Valar Dohaeris. De hecho, quiero tener los billetes preparados para emigrar a un país civilizado por si ganan los malos, y recuerda que los malos no saben que lo son. De cualquier modo, no permitiré que te coman las moscas cuando la España analfabeta y cainita (es la misma) se quiera suicidar colectivamente, pero tampoco me opondré a lo que hagan con los suyos; deja que Darwin haga el resto. La mejor asamblea la formas tú con tu conciencia. Y aún así, a veces no hay acuerdo. Estaremos lejos por entonces.

No me pondré pesado hoy, es tu día, como todos y cada uno desde hace cuatro años. Gracias por dejarme enseñarte, gracias por enseñarme, gracias por tu inteligencia, gracias por tu dignidad, por tu valor, por tu templanza, por tu creatividad, por tu lealtad, por tu bondad y por tu infinito humor. Gracias por hacer que yo quiera ser mejor persona. Como te dije el año pasado, me llena de orgullo saber que tienes una parte de mi dentro de ti, porque me conformaría con la mitad de la mitad. El mundo es tuyo y el año que viene empezamos a conocerlo juntos. Cuando leas este blog te lo explico todo desde el principio. Agárrate fuerte, que empieza lo bueno.

¡Felicidades! ¡Te quiero!.

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